Queridos Amigos, el recurso del perdón es más poderoso de lo que ustedes piensan. El perdón no solo cumple como un antídoto capaz de contrarrestar el sufrimiento emocional interno y cualquier resentimiento que se derive de la ofensa. Perdonar es un proceso que implica varios pasos y decisiones que requieren una actitud determinada, honesta y en la mayoría de los casos, muy valiente.

Debemos decidir ser honestos con uno mismo y reconocer que existe una ofensa o agravio. Necesitamos aceptar el enojo, la frustración y hasta el sentimiento de desprecio hacia la otra persona que ocasionó la falta. Lo cual ayudará a darle nombre y apellidos al problema que esta afectando nuestra equilibrio personal.

Luego debemos decidir de que es momento de renovar nuestra mente y comenzar a tomar mejores decisiones. Por eso, el perdón comienza tomando la decisión de ver las cosas desde otro punto de vista, decidiendo perdonar de verdad.

El perdón es dejar de vivir atado a las garras del enemigo, aunque este haya dejado marcas profundas en nosotros. Hay heridas mucho más profundas que otras, pero sé por experiencia propia, que cuando decidimos sanarlas, se convierten en oportunidades para crecer en el área espiritual.

Recordemos que no perdonar es quedarse en el dolor, y peor aún, recordando con mayor intensidad lo ocurrido, minuto a minuto, días tras día, reviviendo la ofensa sin descanso.

No es fácil que uno logre perdonar en poco tiempo, pero poco a poco podemos ir entendiendo los pasos a seguir y convencernos de que perdonar nos alivia y sana nuestro ser. De esta forma lo más seguro es que podamos practicar el arte de perdonar más a menudo.

Elige Saber Vivir…
 para perdonar con el corazón