fe

Fe, extraordinaria palabra capaz de cambiar totalmente la vida de quien se llena de ella sin importar su edad, sus costumbres o sus erradas creencias, ni en qué circunstancias se encuentre. Lo importante y vital es simplemente experimentar la grandeza de su significado y la pureza de su intención en la vida de cada persona.

Necesitamos mucha valentía para lanzarnos sin reparos a los brazos de la fe. Algunas veces ponemos en duda el amor de Dios para cada uno de nosotros. Creemos que es un Dios de amor para todos, es decir un Dios general. A las personas les resulta muy difícil creer que es un Dios eminentemente personal.

Si Dios te ama, como en efecto lo hace, lo hace de una manera unica. Es por eso que te tienes que amar; es decir, te tienes que aceptar, no puedes dejar de hacerlo porque entonces desconoces a Dios en tu vida y eso es, por lo general, el comienzo de la tragedia del ser humano: la duda y la ignorancia.

Para mí, la duda con respecto a la fe es debilidad. Debilidad para emplear las destrezas que nos llevan a la aceptación. Cuando tenemos dudas sobre Dios, nuestros niveles de aceptación descienden de una manera inminente, obstaculizando a la valentía que da paso a la acción en nuestras vidas. Dejamos así a Dios con los brazos abiertos, sin poder asirnos ni mucho menos protegernos porque se queda alejado, apartado, sin posibilidad de intervenir en la vida de cada uno de nosotros.

Definitivamente, la fe en Dios requiere de valentía para <<aceptarlo>>, sin ponerle obstáculos ni deseando hacer las cosas a nuestro libre albedrío, sino como Él solo saber hacerlas. El acto de fe supera toda tu experiencia, conocimiento, inteligencia, destrezas y habilidades, trascendiendo tu propia persona física y mental.  Solo tu espíritu opera en esta actividad y toma control en tu coraje como individuo, fortaleciéndose y ejerciendo control en tu vida.

Cuando reconocemos a Dios en nuestras vidas empezamos a crecer en el área espiritual, a la que a veces dejamos a un lado, tomando equivocadamente a nuestra mente y a nuestro cuerpo como la torre de control de nuestra vida. Muchas veces no sabemos a ciencia cierta la importancia del espíritu como impulsador, motor y equilibrio del individuo.

Es necesario entender que lo físico y lo mental va a perecer, pero los que creemos en la palabra de Dios sabemos que el espíritu seguirá viviendo eternamente. Si las personas logran entender y creen que somos más espíritu que seres físicos, pondrán su vida en otra perspectiva sacando mayor provecho y enorme ganancias.

No es nada fácil tener gozo cuando nos hallamos en medio de las pruebas. Es tan difícil hallar esa alegría, esa que exclusivamente le pertenece a Dios. Sin embargo, si es posible. Lo imposible es escapar de las pruebas, estas pueden venir de improviso, por lo general no las esperamos y, por supuesto, ocurren en momentos en los que no estamos preparados para recibirlas. Tú al igual que yo te preguntarás, Cual es el propósito principal de estas pruebas?

Descubrí, a través de mi relación con Dios que las pruebas son inminentemente la mejor oportunidad para demostrar nuestra fe. Dios nunca nos ha ofrecido una vida fácil y mucho menos en este mundo caído, con grandes vacíos y con tanta necesidad de rescatar valores y principios. Lo que sí tenemos claro desde el mismo momento del nacimiento es que la vida es dura, duele y eso lo sabemos todos por experiencia.

La obediencia: una relación perfecta

Las personas desean vivir pendientes de ellas mismas y no de lo que Dios quiere de ellas. Lo que Él quiere para ti sería, en definitiva, lo mejor que te puede pasar.  Al someternos a Él, podemos comprobar la grandeza de nuestra fe, o la pequeñez.

Durante las pruebas, cuando el calor y la intensidad de las mismas aumentan, es cuando más necesitamos liberarnos de los pensamientos negativos que nos atacan en contra de Dios y su plan. Recuerdo en estos casos lo que decía Martin Luther King: <<Los pájaros vienen, pero no pueden hacer nido en tu cabeza>> Eso es totalmente cierto con las ideas, ya que al permitirles hacer un nido en tu cabeza agregaría un nido en tu corazón, tendrás muchas generaciones de ellas apoderándose de tu voluntad, por lo que tendrás que neutralizarlas para luchar en su contra.

En muchas ocasiones pensamos que Dios nos pone más carga de la que podemos soportar y no necesariamente es Él quien la puso, quizás nosotros mismo la generamos como consecuencia de nuestras acciones. Tal vez fue ocasionada por el mal de otros en contra de nosotros, o se produjo por situaciones naturales que no controlamos como terremotos, huracanes, maremotos y otros.

Y en algunos casos ocurren porque Dios así lo permite. Pero sea la causa que sea, encontramos una vía para salir de las dificultades, si en medio de ellas le entregamos esa carga a Él. En el momento que entregas esa carga, y sólo entonces, sentirás la tranquilidad y el alivio de un gran peso que sale de tu cuerpo y de tu mente.

Esa carga la transfieres a tu espíritu lleno de fe, de obediencia y de sumisión, y de allí pasará a ser depositada en las manos de Dios. Él la cargará por ti y te aliviará el camino que te quede por recorrer.  Las creencias engañan, solo la fe nos permite ver la auténtica verdad.